Relato XI (Emilio):Crónica de una neurona en apuros (o por qué Emilio decidió resumir el universo)

 



Ahí estaba Emilio, frente a la pantalla en blanco, con el café ya frío, por la noche era una manera de activarse, y una determinación que ni Napoleón antes de Waterloo. El título ya estaba escrito: "Resumen Conceptual: Introducción a la Neuropublicidad". Un título que impone respeto, un título que dice: "Apartaos, mortales, que voy a sintetizar el saber humano en tres párrafos y dos puntos de enumeración".

El problema de los "resúmenes conceptuales" es que empiezan como un paseo por el campo y terminan como un intento de explicar física cuántica a un Golden Retriever. Emilio abrió sus apuntes (o su cerebro, que a esas horas de la noche funcionan por Bluetooth y con poca batería) y se enfrentó al abismo.

— "Vamos a ver —se dijo a sí mismo—, la introducción dice que esto es fundamental. Pues pongo: 'Es fundamental'. Primer concepto liquidado. Soy un genio de la síntesis".

Pero entonces apareció el primer obstáculo: el Concepto A. Ese concepto que en el libro ocupa cuarenta páginas, tiene tres notas al pie y parece escrito por un filósofo alemán con dolor de muelas. Emilio lo miró fijamente. El concepto le devolvió la mirada. Fue un duelo de titanes.

— "Si quito los adjetivos, esto se queda en nada", pensó Emilio. Y así, con la precisión de un cirujano que opera con un hacha de leñador, empezó a recortar. Donde el autor decía "una compleja amalgama de variables socioeconómicas interconectadas", Emilio, en un alarde de pragmatismo bloguero, escribió: "Un lío de mil demonios".

A mitad de la publicación, la cosa se puso seria. Aparecieron los "sub-conceptos". Esos que se reproducen por esporas. Si hablas de la Introducción, tienes que hablar del Contexto. Y si hablas del Contexto, tienes que hablar de la Evolución Histórica. Emilio sintió que su "resumen" se estaba convirtiendo en la versión extendida de El Señor de los Anillos, pero sin elfos y con más terminología técnica.

"¿Estarán mis lectores preparados para este nivel de abstracción?", se preguntó mientras buscaba un GIF de un gato confundido para suavizar el impacto intelectual. Porque un buen bloguero sabe que un concepto denso entra mejor si hay una imagen de algo peludo cerca.

Finalmente, tras tres horas de lucha contra los sinónimos y cuatro amagos de cerrar la pestaña y ponerse a ver vídeos de recetas coreanas, Emilio le dio a "Publicar".

Se recostó en la silla, satisfecho. Había logrado lo imposible: introducir lo introducible y resumir lo que no tiene resumen. El mundo ahora era un lugar un poco más conceptual, un poco más introducido y, sobre todo, un lugar donde Emilio por fin podía irse a dormir sabiendo que, si alguien no entiende el tema, al menos podrá decir: "No sé de qué va, pero el resumen le ha quedado niquelado".

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