Relato VI (Emilio): Format C: al Carnaval y un 'Reinicio' Inesperado

Emilio Acompaña Sardina

Miércoles, 18 de febrero. El sistema operativo de la ciudad ha decidido ejecutar el comando final del Carnaval: el Entierro de la Sardina. Para mí, esto es el equivalente a un "formateo a bajo nivel" después de días de sobrecarga de datos festivos. Una purga necesaria de archivos temporales (.tmp) que se han ido acumulando en forma de confeti, purpurina y resacas varias.

Me puse mi mejor "tema oscuro": traje negro, camisa negra y una corbata que no me ponía desde la última boda (o funeral, ya no recuerdo). El objetivo era integrarse en la interfaz gráfica del evento, un mar de viudas y viudos plañideros que, en el fondo, se estaban riendo de su propia sombra.

El desfile salió del Panteón de Quijano, que para la ocasión hacía las veces de "punto de restauración del sistema". La comitiva era un espectáculo digno de un bug en el código de la realidad: gente llorando desconsoladamente mientras soltaba barbaridades sarcásticas sobre la actualidad política y social, todo bajo la atenta mirada (y el ruido infernal) de la "Colla los Dimonis". Estos chicos son como la tarjeta gráfica (GPU) externa del evento, encargados de renderizar todos los efectos de partículas, humo y fuego en tiempo real. Cada traca era como un pantallazo azul sonoro que te reseteaba los tímpanos.

La sardina, una imponente estructura de cartón piedra que parecía un malware gigante y colorido, avanzaba hacia su destino final: la Plaza del Carmen, el "servidor central" de la noche. Por el camino, las letanías irónicas funcionaban como un registro de errores (error log) del año, leído en voz alta y con mucha sorna. No pude evitar soltar alguna carcajada floja entre tanto "ay, pena, penita, pena" impostado. Es lo que tiene el humor negro, que es como el modo incógnito del navegador: te permite decir cosas que en modo normal no te atreverías.

La llegada a la Plaza del Carmen fue la apoteosis de este "cierrapantallas". La sardina fue depositada en su pira funeraria, como si fuera el pendrive que todos perdemos alguna vez con los archivos más importantes. Los "Dimonis", con su pirotecnia (firewall) a tope, le dieron el pasaporte al más allá. El fuego, ese viejo conocido que siempre tiene la última palabra, se encargó de "desinstalar de forma segura" la figura de cartón piedra y, con ella, todos los pecados (cometidos y por cometer) del Carnaval.

Emilio Quema Sardina

El espectáculo de la sardina ardiendo fue hipnótico, como ver cómo se desfragmenta el disco duro a toda velocidad. La gente a mi alrededor miraba las llamas con una mezcla de catarsis colectiva y alivio por el fin de la resaca perpetua. Sentí una extraña paz interior, como cuando logras solucionar un problema de kernel panic que te tenía el sistema colgado durante días.

Pero la noche no acababa ahí. El "script" del Carnaval tenía una última línea de código por ejecutar: la verbena. La Plaza del Carmen se transformó en una pista de baile improvisada, un "reinicio" (reboot) inesperado del sistema operativo festivo. Después de la solemnidad del entierro, el cambio fue drástico: de los llantos fingidos a los bailes desenfrenados.

Mi cuerpo, que ya estaba programado para entrar en modo suspensión a esa hora, se vio obligado a seguir funcionando. La música de verbena, con sus ritmos pegadizos (earworms), me arrastró a la pista. Allí estaba yo, con mi traje negro de luto, intentando mover el esqueleto al son de "La Macarena" con la misma gracia que un robot de Boston Dynamics recién sacado de la caja. Pero no importaba, porque la verbena es el "parche" que el Carnaval te ofrece para que no te des cuenta de que el sistema está a punto de colapsar.

Y así, entre bailes, copas y risas, aguanté hasta las 3:30 de la mañana. Una auténtica "prueba de estrés" para la batería de mi cuerpo, que no está acostumbrado a trabajar a estas horas. Pero la satisfacción de haber sobrevivido al Carnaval, al Entierro de la Sardina y a la verbena final es algo que mi sistema recordará hasta el próximo año. Ahora solo queda esperar que el "lag" del día siguiente no sea demasiado intenso.

Finalmente, con el amanecer del jueves, el sistema se reinicia de forma normal, aunque con un poco de lentitud, como después de instalar una actualización importante de Windows. La plaza está tranquila, las cenizas se han enfriado y yo estoy en mi piso, preparándome para una jornada de trabajo que espero que sea lo más tranquila posible. ¡Hasta el año que viene, Carnaval! Y hasta el próximo entierro de la sardina. Espero que mi sistema operativo de 60 años siga estando al día para aguantar otra "noche de cierre".

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