Viernes, 13 de febrero. Fecha señalada en rojo en mi calendario interno para el Pregón de Carnaval. Tenía preparado mi "kit de supervivencia social" (tapones para los oídos, calzado cómodo y una dosis extra de paciencia) para bajar a la Plaza del Carmen. Pero el destino, o mejor dicho, la Agencia Estatal de Meteorología, ha decidido ejecutar un comando de "cancelación de tareas programadas".
El cielo sobre Alicante ha amanecido con una escala de grises que no presagiaba nada bueno. Y entonces, ha llegado la notificación oficial: alerta meteorológica por viento intenso. El sistema de la fiesta ha detectado un fallo crítico de hardware (el clima) y ha decidido abortar la misión. Adiós Pregón, adiós Gran Fiesta del sábado. Todo el despliegue de disfraces, música y desenfreno se aplaza hasta la semana que viene. Es como cuando te preparas para instalar una actualización masiva del sistema operativo y, en el último segundo, te salta un mensaje de error diciendo que no hay suficiente espacio en disco o que la conexión se ha perdido.
Mi primera reacción ha sido un bufido de frustración digno de un módem de 56k intentando conectar. Después, una extraña sensación de alivio ha empezado a procesarse en mi CPU. ¿Un fin de semana entero de viento, sofá, peli y manta, sin la presión social de tener que "divertirme" entre multitudes ruidosas? Suena como el mejor plan de contingencia que se podía haber diseñado.
Las persianas de las ventanas, golpean sobre el cristal como si fueran pings constantes a mi ventana de "modo no molestar". En la pantalla de mi portátil, el titular "CARNAVAL CANCELADO POR VIENTO" parpadea como un recordatorio de que, a veces, los imprevistos del mundo real son la mejor excusa para quedarse en casa. La semana que viene ya veremos si el sistema está listo para el reinicio, pero este fin de semana, mi "servidor" personal permanecerá en modo de bajo consumo, y no podría estar más contento con la decisión del administrador del clima.


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