Relato Piloto ( Emilio): Hola, mundo (versión 6.0)


Emilio Informatico Alicantino


La luz de Alicante no perdona. A las nueve de la mañana ya entra por el ventanal del salón con una insolencia que te obliga a entrecerrar los ojos, te pongas como te pongas.

Me llamo Emilio. Acabo de cumplir sesenta años y, si soy sincero, el número me pesa un poco en las rodillas cuando subo las escaleras si el ascensor se estropea, pero no tanto en la cabeza.
Vivo en un sexto piso cerca del Mercado Central, desde donde puedo intuir el mar los días de viento y escuchar el trasiego de la ciudad despertando.

Soy informático. "De los de antes", suelo decir. Empecé cuando los ordenadores ocupaban habitaciones enteras y hacían un ruido infernal. 
He pasado cuarenta años de mi vida traduciendo el mundo a ceros y unos, arreglando desastres digitales ajenos y viendo cómo las pantallas se hacían más planas a medida que mi vista se cansaba.
 Ahora sigo tecleando, a veces por algún trabajo freelance, a veces por puro vicio, rodeado de cacharros que entiendo mejor que a la mayoría de las personas.

Supermercado Mercadona


Estoy divorciado. Hace ya ocho años de eso. El silencio en mi piso es ahora un compañero más; a veces es un silencio cómodo, como un gato viejo ronroneando en el sofá, y otras veces es un silencio denso, de los que te obligan a poner la radio para sentir que hay vida ahí fuera.
 Mis hijos son mayores y viven sus propias vidas en otras ciudades, así que mi interacción social diaria a veces se reduce a la cajera del Mercadona y a alguna reunión por Zoom.

¿Por qué os cuento esto? No lo sé muy bien. Quizás porque a los sesenta uno empieza a hacer inventario y necesita un backup. 
No busco grandes aventuras. Mis días de intentar cambiar el mundo a golpe de tecla pasaron. Ahora me conformo con entenderlo, con observar cómo la tecnología nos atropella, cómo la ciudad evoluciona y cómo yo mismo intento encajar en este puzle siendo un hombre analógico en un mundo furiosamente digital, viviendo solo frente al Mediterráneo.


Bienvenidos a mi bitácora. A la vida cotidiana de un informático sexagenario en Alicante. No prometo emociones fuertes, pero sí café recién hecho y la verdad de alguien que ya no tiene edad para fingir.


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