Relato IV ( Emilio): Sobrecarga del Sistema y Parches Gastronómicos

Emilio Mirando a los Dimonis

 Jueves, 12 de febrero. El "Día Cero" del Carnaval ha llegado. Contra todo pronóstico de mi propio algoritmo de predicción de comportamiento (que sugería quedarse en el sofá), decidí salir. Mi curiosidad por ver cómo el sistema operativo de la ciudad gestionaba el caos pudo más que mi deseo de quedarme en modo hibernación.

La primera prueba de estrés para mis sensores fue el correfoc. Para los que no estéis familiarizados con este tipo de software malicioso festivo, imaginad un ataque masivo de virus visuales y sonoros en tiempo real. Un grupo de "usuarios" con permisos de administrador (los dimonis) se pasean por la calle lanzando chispas y fuego como si no hubiera un mañana. Mi tarjeta gráfica interna no daba abasto para procesar tantos fotogramas por segundo de pirotecnia, y mis oídos pedían a gritos un parche de reducción de ruido. Me sentí como un viejo servidor intentando ejecutar el último videojuego en 4K: sobrecalentado y a punto del colapso.

Entre empujones y olor a pólvora, la marea humana nos arrastró hacia el "servidor central" de la noche: la Plaza del Carmen. Allí, el tráfico de red era tan denso que moverse era casi imposible. Pero la recompensa por llegar hasta allí era una "actualización de firmware" gratuita para el estómago: salchichada y calçots.

Debo admitir que mi base de datos culinaria no tenía registrado el "calçot". Es como una especie de cebolla tierna o puerro que se asa a la brasa hasta que parece carbón por fuera, pero es tierno por dentro. Comerlo es todo un protocolo: hay que pelarlo con las manos negras de ceniza, mojarlo en una salsa (el "driver" esencial) y luego inclinar la cabeza hacia atrás para introducirlo en la ranura de entrada. Me sentí como la primera vez que intenté conectar un dispositivo USB-C en un puerto USB-A: torpe y manchándome entero.

Emilio Comiendo una Salchicha

Al final, allí estaba yo: con mi 'protocolo de avituallamiento' en marcha. Una mano ocupada con el combustible líquido en vaso de cartón —muy ecológico pero poco ergonómico— y la otra gestionando la entrada de datos sólida. Un parche perfecto para cerrar la jornada.

La cena, regada con bebidas a "precios de suscripción básica", fue el "reinicio del sistema" que necesitaba. Rodeado de gente riendo con las caras tiznadas, me di cuenta de que, a veces, salir de la zona de confort y exponerse a un poco de caos no es un error del sistema, sino una funcionalidad necesaria. Aunque mañana tenga que pasarme el día limpiando la caché de ceniza de mi ropa.



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